Cultivar la gratitud para fortalecer nuestro sistema nervioso.

El sistema nervioso es el sustrato físico que nos permite tener pensamientos, emociones, recuerdos y dar sentido a todas nuestras experiencias. El encuentro entre lo físico-material y lo etéreo-espiritual se da en el asombroso despliegue de neuronas, sinapsis y hormonas que constantemente llenan nuestro organismo de actividad y vida.                                       Lejos de ver el ser humano meramente como una maquina pre destinada a funcionar de una manera u otra, entender el sistema nervioso nos permite tomar consciencia de la complejidad que nos define y que hace posible nuestra propia libertad.

¿Qué tiene que ver la gratitud con todo esto?  En las últimas semanas he estado leyendo mucho al respecto y me ha parecido muy inspirador publicar algunas reflexiones antes de las fiestas de Solsticio, Navidad y fin de año, una época que tiene mucho que ver con los dones, la gratitud y la adversidad.

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Amy Tanathorn

El sistema nervioso y el “sesgo negativo”

El sistema nervioso es una estructura plástica que está en constante creación, consolidación y transformación. Estos procesos ocurren en relación a nuestro entorno, nuestras relaciones y muy específicamente nuestra manera de prestar atención. Allí dónde ponemos nuestra atención se establecen y consolidan conexiones neuronales que luego sustentan nuestra manera de percibir, sentir, comprender y actuar. Aunque muchas de las conexiones neuronales se establecen y consolidan en nuestra infancia (a través de nuestras relaciones con nuestrxs cuidadorxs), tenemos la posibilidad de “resetear” nuestro sistema nervioso a lo largo de toda la vida.

La gratitud, tal y como la quiero proponer en este artículo, es una decisión consciente. Es una postura y una actitud que surge desde el neo-cortex, la parte más evolucionada y compleja de nuestro sistema nervioso. Sentir placer cuando ocurre algo que nos proporciona algún tipo de beneficio es muy natural y ocurre de forma espontánea y automática. Ser agradecidx quiere decir detenerse en la experiencia de placer y llevarla más allá. Es muy frecuente que nos acostumbramos a aquellas cosas que nos dan placer de forma reiterada: la comida, la casa que nos protege, las personas queridas que están en nuestro día día, nuestro cuerpo sano y sin dolor etc. En este acostumbrarse ocurre algo desafortunado, la experiencia de placer se queda desapercibida, no se registra en el cuerpo y por lo tanto no deja ninguna huella. Sin esta huella, nuestro organismo se queda privado de la experiencia y recuerdo de todo lo bueno que la vida nos proporciona, y por lo tanto organiza su percepción en función de lo que queda, las otras cosas a las que si prestamos atención: los problemas y experiencias desagradables. La tendencia a fijarse más en los problemas es lo que llamamos el “sesgo negativo del cerebro” y aunque tiene sentido a un nivel práctico y funcional (¿porqué gastar energía en fijarse en las cosas positivas si hay otras cosas que necesitan atención para que se arreglen?), a largo plazo esta actitud nos deja con una visión muy sesgada de la vida, una visión dónde solo lo negativo tiene relevancia, visibilidad, importancia y lo positivo es “bah…tonterías!”.

La gratitud no es negar lo negativo

Por supuesto no queremos pintar de rosa la realidad, ni negar lo duro y difícil y vivir en un cuento de hadas, pero la pregunta es: ¿de dónde sacamos la energía para enfrentarnos con los problemas y las dificultades? Si la frustración, la tristeza y la adversidad nos encuentran vacíxs y desgastadxs no tardarán mucho en apoderarse de nuestrxs cerebros y corazones, dificultando mucho nuestra capacidad de responder de manera constructiva.       La fortaleza y resiliencia que nos permiten ser eficaces en lidiar con los altibajos de la vida surgen desde una sensación de plenitud, de seguridad, de pertenecer y ser queridxs. Es posible que nos perdamos oportunidades de percibir estas sensaciones cuando no elegimos la postura de la gratitud.

gratitudAbrirse deliberadamente a recibir los pequeños dones de la vida nos ofrece la posibilidad de vivenciar emociones que son de mucha ayuda al sistema nervioso: calma, relajación, conexión, asombro, maravilla, placer, expansión etc. Todo esto hace que nuestro organismo se mantenga en un estado de activación parasimpática, dónde se producen hormonas que favorecen la seguridad y la conexión, por lo tanto fortaleciendo nuestras capacidades de resiliencia y también regenerando y sanando los efectos de experiencias desagradables. Hay numerosos estudios sobre la gratitud que demuestran que las personas que tienden a esta actitud suelen ser más eficaces en enfrentarse con las dificultades y se recuperan más rápidamente. Así que cultivar el agradecimiento parece ser una buena estrategias especialmente para los momentos difíciles.

La Comunicación Integrada y la expresión de gratitud

Ser agradecidxs, en términos de la Comunicación Integrada, significa identificar las emociones positivas y conectarlas con las necesidades satisfechas que las han provocado. Quiere decir saborear estas emociones, alimentarlas a través de nuestra atención y tomar consciencia de las estrategias que han permitido satisfacer las necesidades de manera exitosa. Quiere decir no descartar ninguna experiencia, por lo pequeña que sea: una sonrisa, un gesto amable, un atardecer dorado, un café en la compañía de un ser querido. Y además quiere decir comunicar nuestro agradecimiento, sea internamente, sea verbalmente a otras personas. Este acto de comunicar, hace que la experiencia se quede más claramente registrada en el organismo y alimente las conexiones positivas con otras personas, un factor imprescindible para nuestro bienestar y el bienestar de lxs demás.          Para expresar nuestra gratitud podemos resaltar las necesidades satisfechas, por ejemplo, cuando mi hija me llama para saber cómo estoy, puedo decirle: “Gracias por llamar, me hace sentir cuidada y valorada, me encanta saber que quieres hablar conmigo y te importa cómo estoy. “. A menudo, expresarnos de esta manera nos hace sentir algo incomodxs. Para mi es la incomodidad que se produce en momentos de intimidad vulnerable, me parece una incomodidad muy bonita y que vale la pena sentir.

Interferencias de la voz crítica

Muy a menudo, cuando intentamos poner nuestra atención en las cosas positivas, una voz cortante interrumpe nuestros intentos: “Ya, ya, pero no te olvides que todavía no has podido encontrar trabajo” o “De que te sirve esta sonrisa si ya sabes que estarás solx todo el fin de semana” o “Muy bonito, pero no te olvides de lo que te hizo la semana pasada” etc. Esta voz, que proviene desde las profundidades de nuestro cerebro límbico, tiene muy buenas intenciones pero, francamente, sus maneras son bastante trágicas. En su intento de mantenernos centradxs en todo lo que tiene que resolverse para que nuestras vidas sean más agradables, nos roba justamente de lo que nos haría un poco más fuertes y preparadxs. En menospreciar lo positivo nos mantiene en una realidad dura y antagónica que activa nuestro sistema simpático y nos predispone para la lucha, la huida o la parálisis. Entonces, para lidiar con esta voz, es importante reconocer su intención positiva y a la vez recordarle que quitarnos lo bueno no va a funcionar en el largo plazo. Cuando escuchamos esta voz, podríamos decirle: “Es verdad, no he encontrado trabajo todavía y no dejaré de buscarlo pero ahora mismo déjame disfrutar de este momento”. Una cosa no quita la otra, reconocer lo positivo no arregla lo negativo pero lo hace más soportable, ni nos tiene que quitar la determinación de resolver nuestros problemas, justo lo contrario.

¿Cómo se hace?

Si quieres, inténtalo ahora mismo. Piensa en un momento en el cual te has sentido bien, a gusto, contentx, relajadx, feliz. Trae este recuerdo a tu mente de la manera más vivida posible, con todos los detalles. Pon toda tu atención en este recuerdo y empieza  a notar que sensaciones físicas se producen en tu cuerpo. Permitete sentir estas sensaciones, por lo sutiles que sean y monitoriza los pensamientos que intentan devolver tu atención a lo negativo. Si hay otras personas implicadas en tu recuerdo, pon tu atención en ellas, en sus acciones, sus palabras, sus expresiones. Nota que ocurre en tu percepción, que emociones se despiertan, cómo te sientes en relación a estas personas o a esta situación. Sigue monitorizando si hay algo que te impide recibir completamente estas experiencias, algo que te lleva a desvalorizar o centrarte en las carencias. Si te apetece, puedes formular tu agradecimiento en palabras. ¿Cómo te afecta hacer esto?

Otras maneras de cultivar la gratitud son dedicar algunos minutos cada día a recolectar todo los aspectos positivos de la jornada, dejándote alimentar por ello. Mantener un lugar en la casa dónde puedes guardar pequeños objetos que te recuerdan lo que quieres agradecer: fotos, billetes de tren de un viaje bonito, una piedra recogida en un paseo con amigxs etc. es una manera muy bonita de visibilizar la gratitud en tu vida. También mantener un diario de gratitud puede ser una manera muy útil de entrenar tu atención para lo positivo. Realmente hay miles de maneras para cultivar la gratitud, y una vez superada la barrera de la voz crítica, solo queda la creatividad individual para hacerlo.

Os invito a considerar comprometeros incluso solo una semana a practicar la gratitud y ver lo que pasa…y si queréis compartirlo por aquí estaré encantada de escuchar vuestras experiencias.

 

 

 

 

 

 

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