Porqué nos cuesta ver las cosas en positivo

En estos tiempos está bastante de moda decir que “el pensamiento crea la realidad”.  Dependiendo de como se toma este enunciado, se toman caminos diferentes: uno es el camino de las “afirmaciones positivas”, en el cual me repito una frase que quiero que se convierta en realidad, esperando que se manifieste, por ejemplo: images-2“Toda la abundancia del mundo está a punto de llegar a mi vida”. Otro camino, es aquel en el que decimos que “esto es una tontería”, como por ejemplo: “¡Vaya! Si fuera verdad… ¡habría ganado ya la lotería!”. Un posible tercer camino es explorar en qué medida nuestros pensamientos podrían estar afectando nuestra percepción de la realidad y, por lo tanto, nuestras respuestas a ella.

El neurocientífico Rick Hanson propone una visión en la que nuestro cerebro se desarrolla en función de cómo utilizamos la mente para poner atención a las cosas. Según esta visión, cuando reiteradamente prestamos atención a ciertos eventos, sensaciones, emociones, aspectos de las experiencias, etc., se generan estructuras neurológicas que sostienen la creación de “creencias” o, por decirlo de otra manera, conceptos que nos ayudan a organizar y darle sentido a las experiencias. Esta manera de organizar las experiencias también se llama “percepción”.

Así, cuando decimos “percibo que se me está atacando”, se esté expresando que nuestra manera de darle sentido a la experiencia es utilizar el concepto de “ataque” para definirla. Si alguien me está apuntando con una pistola, esta manera de percibir la experiencia tiene un nivel de correspondencia con los eventos bastante directa. Si bien cuando alguien me diga “no has limpiado los platos en 3 días”, eso ya es otra cosa. 

No podemos evitar que nuestra mente esté constantemente descifrando lo que ocurre para entenderlo y responder a ello, lo que sí podemos tener en cuenta es que hay varias partes del cerebro implicadas en esta operación y, si no hay integración entre ellas, el resultado puede ser algo bastante alejado de la supuesta “realidad”. Nuestro cerebro límbico, el cerebro que compartimos con todos los mamíferos, está constantemente escaneando el entorno y recibiendo estímulos sensoriales para poder generar “percepciones” de la realidad. Este cerebro se basa principalmente en los sentidos y es muy rimages-3ápido a la hora de llegar a conclusiones. Si considera que lo que está ocurriendo representa un peligro suficientemente serio, desencadenará una respuesta inmediata (muchas veces inconsciente), sin esperar la opinión del neocórtex, esa parte del cerebro más “nueva”, más sofisticada y más lenta… Desafortunadamente, el límbico no tiene lenguaje, lógica, concepción temporal, empatía ni varias otras funciones muy útiles que residen en el neocórtex; de hecho, sólo concibe tres respuestas: luchar, huir o paralizarse, dependiendo de la gravedad de la situación. El límbico se preocupa principalmente de nuestra supervivencia, no tanto de la calidad de nuestra vida: para esto necesitamos el neocórtex.

El neocórtex alcanza su madurez a los 25 años de edad, por lo que pasamos muchos años de nuestra vida con un  neocórtex semi operativo, y un límbico muy activo. En estos “años sin cortex” pasan cosas muy importantes para el desarrollo de nuestro organismo físico, mental y emocional. Entre otras cosas, empezamos a desarrollar nuestra mente en función de las experiencias mediadas por el límbico, generando conceptos sobre “yo”, “el mundo”, “yo en el mundo”, etc. que nos sirven para ir creando una red de creencias que nos permite lidiar con la vida y sus ocurrencias. El límbico, por su naturaleza de superviviente, se fija mucho más en las experiencias negativas que en las positivas, ya que “si todo va bien no hay nada que arreglar” y tiende a almacenarlas en una base de datos a la cual el  neocórtex no siempre puede acceder. Así que, en funciones de nuestras experiencias como niñxs (experiencias que tienen mucho que ver con el tipo de relación que tuvimos con nuestrxs cuidadorxs), vamos generando creencias implícitas sobre “yo”, “el mundo”, “yo en el mundo”, etc. Recordad que estas creencias no tienen un fuerte componente lógico, verbal, temporal ni empático, todos estos elementos los vamos incorporando en la medida que el  neocórtex se madura.

images-5Si volvemos al enunciado que afirma que “el pensamiento crea la realidad”, yo empezaría a matizar que el pensamiento crea nuestra manera de percibir la realidad, basándose en toda una sería de interpretaciones primariamente límbicas de nuestras experiencias, sobre todo en temprana edad. Si tenemos más de 25 años, estamos en condiciones de poder empezar a hacer un inventario y actualización de estas creencias y percepciones, añadiendo todas las funciones del neocórtex. Por ejemplo, podemos empezar a decirnos: “Esta idea de que yo no valgo nada, ¿de dónde viene? Ah, quizás de cuando mi padre no me hacía ni caso cuando lloraba o le decía que no me apetecía comer la col. Ya, esto fue duro… y a la vez, ahora puedo ver que mi padre estaba muy deprimido, que sus padres no le demostraron mucho amor y que tenía un trabajo estresante. También puedo incorporar la memoria de cuando mi padre jugaba conmigo y me hacía cosquillas, cuando me ayudó a aprender a andar en bici, y la memoria de mi abuela que siempre me escuchaba y estaba por mi.” Esto es lo que yo quiero decir cuando digo que “el pensamiento crea la realidad”: empezar a integrar nuestras experiencias en un marco más amplio que nos permite ver las cosas, no mejor de lo que verdaderamente fueron sino, más grandes. 

A veces este proceso no es suficiente para transformar las creencias, por dos razones: una es que se necesita hacer un trabajo no solo de lógica y análisis sino también un trabajo de empatía con las experiencias dolorosas que han sido la raíz de nuestras creencias. Además, es probable que tengamos una larga lista de eventos que parecen substanciar la creencia: “Es que no sólo era mi padre, también me pasó en el cole, con mis colegas, con mi pareja, con mis compañeros de trabajo…”. Parece ser que: o hemos tenido muy mala suerte en este mundo y nos ha tocado tropezar con las personas más desagradables, o es verdad que no valemos nada. Ninguna de las dos opciones ofrece mucho alivio. Empezar a cuestionar la creencia nos parece imposible, fútil y además como si estuviéramos engañándonos a nosotrxs mismxs con cuentos de hadas. Me gusta mucho una frase que he escuchado no se dónde: “No podemos cambiar lo que ha pasado pero podemos cambiar como nos relacionamos con lo que ha pasado”. De esto se trata. Pero la segunda razón por la cual nos puede costar despegarnos de ciertas creencias, es que toda nuestra identidad se ha construido sobre ellas y, además, relativizarlas sería como relativizar todo el dolor y sufrimiento que hemos vivido, y esto no nos gusta. Si separamos las dos cosas, quizás nos resulta más fácil. Puedo empezar a crear más espacio, incorporar más datos y reblandecer mis creencias honrando a la vez que, para mí, vivir con estas creencias ha sido muy doloroso y no porqué yo fuera tontx y me equivoqué todo el rato, sino porque en aquellos momentos no tuve la capacidad y posibilidad de ver las cosas de otra manera y el dolor que surgió fue muy real. O incluso porque las experiencias generadoras de la creencias fueron, efectivamente, dolorosas, como pudiera ser el no haber recibido afecto, empatía, reconocimiento, apoyo, cuidado, atención y respeto por parte de nuestrxs cuidadorxs. 

Os recomiendo hacer este pequeño ejercicio…mirad el vídeo aquí abajo seguid las instrucciones.

Ahora sustituimos los pases del equipo blanco con nuestras creencias y ¡ ya vemos que es lo que nos estamos perdiendo!

O para jugar aún más, probad este

A través de este proceso de “rescate” de las creencias, podemos empezar no tanto a crear la realidad, sino a incluir más aspectos de la realidad, ampliar nuestras percepciones y tener más opciones a la hora de responder a los retos de la vida.

Hablaremos más en profundidad de todo esto en mi próximo taller en Barcelona el 3 de Diciembre 2016, os invito a participar y ahondar más en este proceso de transformación personal. También os invito a dejar un comentario con vuestras experiencias y reflexiones sobre el tema. ¡Gracias por leer!

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