Si queremos autenticidad en las relaciones dejemos de hablar de forma mecánica.

Creo estar en lo cierto si digo que unas de las cosas que más valoramos en nuestras relaciones es la sensación de «poder ser yo mismx», de sentirnos aceptadxs y de sentir que nuestras interacciones se desarrollan con espontaneidad y fluidez. Solo al escribirlo me lleno de alegría y placer en recordar todas aquellas veces cuando he tenido la sensación que todo estos factores estaban presentes en mis relaciones.

Una de las cosas que más me preocupa en las personas que se acercan a la Comunicación Integrada es la percepción que el propósito de esta práctica es simplemente cambiar nuestra manera de hablar, o sea, hacerle un “lifting” a nuestro estilo de comunicación para que “quede mejor”. El resultado muchas veces es que las personas sufren de un exceso de atención hacia las palabras que dicen y una consecuente sensación de bloqueo, falta de espontaneidad y autenticidad. Esto genera una situación muy poco agradable, incluso (o quizás especialmente) para las personas que son nuestras interlocutoras. Me acuerdo con una mezcla de dolor, vergüenza y humor todas las veces que mi hijo adolescente me dijo: “No hables así conmigo, te pareces a un robot”. Por esta razón, a lo largo de mis años de práctica, mi interés y compromiso ha sido en encontrar maneras de recoger la esencia de lo que para mi es la Comunicación Integrada si perder mi autenticidad y espontaneidad.

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Lo que me parece importante resaltar es que lo que queremos hacer a través de la práctica (y repito práctica, no técnica) de la Comunicación Integrada es transformar aquellos procesos internos que se han estructurado bajo los conceptos de “bien/mal”, “castigo/recompensa”, “culpabilidad” y “exigencia”. Utilizamos el lenguaje simplemente como un camino para hacer visible estos procesos que, al ser internos, se quedan bastante invisibles y difíciles de identificar. En esta tabla he intentado resumir un poco para ejemplificar:

Lenguaje Proceso Interno
 

No te sientas mal, ya verás que todo irá bien

 

Como te sientes no está bien (bueno/malo)

Hay que sentirte diferente (exigencia),

Predicción cierta de un futuro incierto.

 

No deberías interrumpirme, eres irrespetuoso

 

Interrumpir está mal (bueno/malo)

Tienes que dejarme hablar (exigencia)

Hay algo malo en ti (bueno/malo)

Lo que queremos es poner nuestra atención para ver hasta que punto estos procesos internos ayudan a que se genere comprensión, relajamiento, apoyo y bienestar. Básicamente queremos saber si esta manera de ver las cosas nos sirve o no. Mi conclusión personal es que muy pocas veces expresarme de estas maneras ha producido los efectos deseados. Muy pocas veces la persona que se sentía mal ha dejado de sentirse mal simplemente porqué yo le he dicho que todo irá bien, casi nunca la persona que me estaba interrumpiendo ha dejado de hacerlo porqué yo le he dicho que no debería hacerlo. En fin, no me parece una manera muy eficiente de comunicarme. Pero, y aquí es dónde llegamos al punto de este artículo, lo que mis hijxs, ex parejas, clientes y amigxs dicen es: “Ya, pero es solo una manera de decir, no hay que darle tanto peso, no quiero estar allí controlando cada palabra que digo!”. Muy bien, vamos a ver de que se trata esto.

Estaría de acuerdo con esto de que las palabras son solo palabras y no hay que darle mucho peso si mi trabajo no me llevara diariamente a mediar situaciones de conflicto donde el malentendido es el factor numero 1. He llegado a la conclusión que nuestra especie es “homus interpretativus” y que esta capacidad de interpretar no solo produce maravillosas poesías y obras de arte sino también muchos problemas. Por ejemplo: “La sopa está salada!” “Que va, si está perfecta, siempre tienes que criticar lo que hago!”…conflictos que se aproximan a la tercera guerra mundial han empezado de esta manera!

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Lo que ocurre es que hemos sido educadxs en un contexto cultural dónde hay una brecha más o menos constante entre lo que realmente queremos decir y lo que “se dice”. Aquí es dónde para mi hay una diferencia muy importante entre lo que llamamos “espontaneidad” y lo que es mecánico, o habitual. El hecho que estemos acostumbradxs a comunicarnos utilizando ciertas pautas hace que estas pautas se hayan grabado en nuestra red neuronal a través de la repetición y se hayan convertido en redes neuronales sólidas, que ocurren sin pensar. Esto confiere a este tipo de comunicación una una calidad de “falta de esfuerzo”, lo cual nos gusta mucho. No hacer esfuerzo nos parece equivalente con “natural”, “espontaneo”, pero yo no estoy convencida de que esta sea una equivalencia acertada. De hecho, una breve investigación sobre la etimología de la palabra revela algo interesante: la raíz de “Espontaneidad” es el adverbio sponte, que curiosamente quiere decir voluntario. O sea, espontaneo quiere decir algo que ocurre a través de la voluntad, sin una obligación externa. Justamente esto es lo que me gustaría resaltar: ¿Cuantas de nuestras reacciones “espontaneas” son, en realidad, “mecánicas”? No son respuestas voluntarias que reflejan lo que autentica mente está ocurriendo dentro de mi y lo que realmente quiero comunicar, sino son más bien reflejos automáticos y como tales, es cierto, no me suponen mucho esfuerzo. Para que nuestras respuestas sean espontaneas entonces lo que se necesita es la elección y para que haya una elección hay que haber consciencia. Y para que haya consciencia, desafortundamente, hay que hacer el esfuerzo de estar despiertx.

Lo que quiero decir es que si queremos que nuestras relaciones cambien, es fundamental que estemos dispuestxs a cambiar nosotrxs internamente. Como dijo Einstein: “Si quieres distintos resultados no sigas haciendo lo de siempre”. Si hacemos una analogía con las artes marciales, quizás me gustaría aprender a utilizar mi cuerpo de manera distinta para darme más flexibilidad, fuerza, elegancia y con esto fin me apunto a una clase de Thai Chi. Luego resulta que los movimientos del Thai Chi no tienen nada que ver con mis movimientos “espontáneos” y entonces tengo que pasar por la angustiosa fase de sentirme patosa y hacer un esfuerzo para cambiar mi manera de moverme. Esto supone tomar consciencia de como me muevo y luego re dirigir mis movimientos hacia el objetivo que quiero conseguir, hasta que un día, después de suficiente práctica, me muevo “espontáneamente” de otra manera, porqué mi red neurológica se ha “re-cableado” y automatizado. También es cierto que aunque queriendo aprender el Thai Chi no quiero estar constantemente practicando, porqué esto supone un esfuerzo que no puedo mantener indeterminadamente. Entonces la cuestión sería: ¿Cuando quiero hacer este esfuerzo y cuando quiero descansar? En mis relaciones: ¿Cuando quiero hacer el esfuerzo de ser consciente de lo que digo y, más importante aún, desde donde lo digo e intentar encontrar maneras de acercarme más a mi autenticidad y menos a mi automatismo y cuando quiero descansar y dejar que salga lo que salga? Nunca queremos que esta tarea se haga desde la obligación sino desde la libertad y la alegría. Es un esfuerzo, pero de buen rollo!

Fundamentalmente para mi hacer el esfuerzo de re alinear mis palabras con el significado autentico que quiero trasmitir es un acto de amor y servicio que hago no solo hacia mi misma sino hacia la otra persona también, para que le resulte más fácil conectar con lo que realmente le quiero decir. Para volver a la tabla de arriba, voy a añadir una tercera sección:

Lenguaje Proceso Interno Lo que quiero                          trasmitir
No te sientas mal, ya verás que todo irá bien Como te sientes no está bien (bueno/malo)

hay que sentirte diferente (exigencia), predicción cierta de un futuro incierto.

Siento verte así

Me gustaría apoyarte

Deseo que las cosas se
hagan más fáciles                              
para ti
No deberías interrumpirme, eres irrespetuoso. Interrumpir está mal (bueno/malo), tienes que dejarme hablar (exigencia), hay algo malo en ti (bueno/malo)
Me cuesta cuando no
puedo terminar de hablar
Me gustaría que me
dejaras hablar hasta
que termine
Esto me aportaría una
sensación de cuidado
y respeto.

Estoy convencida de que cuando emprendemos este proceso de re conectar el lenguaje con la autenticidad de lo que queremos decir, el proceso mismo produce un cambio en nuestro interior que nos aviva, energiza y hace más coherente. Una vez conseguida esta transmutación, las palabras ya pueden dejar de ser una herramienta para iluminar los procesos internos sino se convierten en luces que, desde nuestro interior, traen vida y energía en nuestras relaciones.

Tatiana Sibilia es facilitadora de Comunicación Integrada y Sociocracia. Para recibir información sobre sus talleres, cursos de formación y sesiones individuales, podéis conectar con ella a despertandolaeducacion@gmail.com

Photo credit: http://www.pechakucha.org/channels/pechakucha/blogs/robots-for-all-the-art-of-communication-and-bahraini-visuals

 

 

 

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