Pequeña guía para no hundirse en las emociones

“El que sabe que tengo miedo no tiene miedo”

That who knows I am afraid is  not afraid itself”   Autor desconocido

                                                                                                        

¿Cual es tu reacción habitual cuando se despierta la rabia, la tristeza, el miedo, la ansiedad? Si eres capaz de responder a esta pregunta me felicito contigo, ya estás en el camino hacia una relación sana con las emociones. Sana, par mi, quiere decir una relación que promueve la integración de las emociones como una experiencia fundamental para una vida plena, libre y resolutiva.

El ingrediente fundamental para poder tener agencia sobre nuestras vidas y lo que ocurre en ellas es la consciencia. En este sentido defino la consciencia como la capacidad de observarme, de saber que es lo que me pasa, de tener una conexión clara y profunda con todos los procesos de mi ser: mi fisiología, mi espacio emocional y mi narrativa, mis pensamientos.

Si falta este ingrediente todo ocurre por su cuenta e yo me convierto en una espectadora de mi vida y no su protagonista. Definir la consciencia y entender como ocurre ha sido, y sigue siendo el suduko de científicxs, psicologxs, artistas y filosofxs de todos tiempos. Es el gran misterio que nos sigue llamando desde las profundidades de nuestro ser. No me voy a arriesgar en dar una opinión sobre esto, simplemente me gustaría compartir algunas cosas que han sido de ayuda en mi propio proceso de supervivencia emocional.

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Saber lo que me ocurre me permite generar un espacio entre la parte de mi que sabe lo que me ocurre, llamemosla mi “testigo interno”, y la parte de mi que está en la experiencia de lo que ocurre, viviendola. En este espacio que se genera hay la semilla de lo que puede llegar a florecer como libertad, autonomía y coherencia.

Para saber lo que me ocurre necesito desarrollar la capacidad de observación y construir un lugar interior desde el cual observar. Generalmente este es un lugar más tranquilo de lo en que ocurren los eventos que son el sujeto de la observación, y generalmente la voz de este testigo interno es más calmada. Una vez que soy capaz de decirme que es lo que me está ocurriendo, puedo empezar a tomar decisiones, quizás hacerme preguntas, investigar las raíces de mis respuestas, proponerme alternativas.

La reacción más frecuente al aparecer de una emoción desagradable es la huida, la cual puede tomar muchas formas: explicaciones lógicas, análisis, distracción, supresión o disociación. Estas son respuestas comprensibles para evitar la experiencia de dejarnos sentir la emoción. También hay la creencia que nos dice que si nos dejamos sentir una emoción nos vamos a hundir, o que sentir emociones es signo de debilidad que tenemos que evitar a toda costa.

Desafortunadamente, si no nos dejamos sentir la emoción la emoción no va a desaparecer. Es como si un cartero estuviera picando a la puerta para entregarnos un mensaje muy importante, si no abrimos la puerta el cartero no se va a ir y seguirá picando. Entonces ¿como podemos dejarnos sentir las emociones sin hundirnos en ellas?                                       En las palabras de Rumi:

El ser humano es como una casa de huéspedes
Cada mañana,una nueva llegada
una alegría, una tristeza, una mezquindad,
alguna conciencia momentánea,
llega como un visitante inesperado                                                                                                                                                
¡Dale la bienvenida y acógelos a todos!
Aunque sea una multitud de pesares
que arrasan violentamente tu casa
y la vacían de sus muebles.
Trata no obstante, a cada huésped de manera honrosa
pues acaso te esté purificando
para algún nuevo deleite.                                                                                                                                                                     
Al pensamiento sombrío, la vergüenza, la malicia,
recíbelos con una sonrisa
e invítalos a entrar.
Sé agradecido con cualquiera que llegue,
pues todos han sido enviados
como guías desde el más allá.”

Muchas veces el trabajo necesario para poder recibir las emociones se tiene que hacer antes de su llegada, no durante. Cuando la emoción ya está presente quiere decir que nuestro sistema nervioso está en una situación de “alerta”, cuando más intensa la emoción más en alerta estará, y más alerta para el sistema nervioso quiere decir menos posibilidades de actuar desde la consciencia.

El trabajo que podemos hacer para prepararnos pertenece al linaje de la meditación Budista y se conoce en occidente bajo el nombre de Mindfulness. Esta práctica fortalece aquellas capacidades que nos permiten permanecer conscientes aunque bajo el “estrés” de la emoción.

(En este video hablo más detenidamente de esto.)

 Literalmente es una práctica que actúa sobre la fisiología del cerebro, desarrollando aquellas partes que tienen la función de conectar el cerebro limbico (el cerbero instintivo y emocional) con el neo cortex. Cuando el neo cortex está bien conectado nos aporta muchas funciones que ayudan a no hundirse en la emoción, como por ejemplo: la lógica, la imaginación, la intuición, el lenguaje y la empatia.

Esta última función es extremadamente importante en el proceso de conectar con las emociones. Unas cuantas investigaciones científicas en el ámbito de la neurobiología han demostrado que el uso del lenguaje para nombrar las emociones ayuda enormemente en rebajar la intensidad y carga de la emoción misma y facilita el proceso de integración. He hablado en varios otros artículos sobre la empatía y sus funciones, así que no voy a detenerme mucho en esto ahora, lo que quiero es ofrecer unos pasos claros que puedan servir de “anclaje” para los momentos de tormenta emocional.

  1. En el momento que me doy cuenta que siento una emoción intensa, tomo la decisión consciente de darle mi atención.

  2. Respiro, haciendome presente en la respiración e invitando una actitud de escucha y curiosidad hacia mi misma

  3. A través de la respiración pongo mi atención en las sensaciones físicas del cuerpo, sin intentar cambiarlas o explicarlas.

  4. Encuentro palabras para describir estas sensaciones físicas (es como un nudo que me ata el cuello, es como un cuchillo que se me ha clavado en el estómago)

  5. Me invito a encontrar palabras para describir el tono emocional de la sensación física (este nudo es como un miedo, una emoción de anxiedad)

  6. Averiguo con la sensación misma que mis palabras realmente encajan

  7. Intento conectar con la necesidad de trás de la emoción (este miedo tiene que ver con la aceptación, tengo miedo que si hablo no me van a aceptar…quiero saber que puedo expresarme y se me va a aceptar y reconocer…)

A través de este tipo de escucha hacia unx mismx, conseguimos rebajar la intensidad de la emoción sin reprimirla o distorsionarla y a la vez recibir su mensaje, lo cual nos ayuda en identificar nuestras necesidades y por lo tanto nos facilita saber como actuar para poderlas satisfacer. Este proceso se hace más claro si también entendemos las bases de la Comunicación Integrada, la cual nos aporta un marco de referencia muy preciso para poder identificar las Emociones y las Necesidades.

Para saber más sobre la Comunicación Integrada y las sesiones de acompañamiento individual que ofrezco, podéis poneros en contacto conmigo a despertandolaeducacion@gmail.com.

 

Photo credit: Storm In The Sea by Shobita Sreekumar

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