Mirar la tormenta junt@s: porqué es importante ser acompañad@s en nuestros procesos de crecimiento

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Vivir es un asunto bastante complejo, en mi opinión. Vivir e intentar hacerlo de manera consciente, acogiendo todas experiencias como oportunidades de crecimiento y auto descubrimiento, es un camino muy valioso y a veces difícil.

Desarrollar la capacidad de ser conscientes consiste en despertar una figura que llamamos “testigo” en muchas prácticas de crecimiento personal. El testigo es un observador interno que es capaz de mantener una cierta distancia entre nuestra “esencia” y nuestras experiencias, pensamientos, juicios, reacciones, emociones etc. Este testigo es lo que nos permite vernos con claridad, con honestidad, nos aporta el espacio y el tiempo para poder tomar elecciones conscientes sobre nuestras acciones, para que sean más y más coherentes con nuestros valores. Dos calidades fundamentales del testigo son la objetividad y la compasión.

La objetividad es la capacidad de ver las cosas no a través de nuestras opiniones, creencias y prejuicios, si no de una manera casi científica, descriptiva, sin implicación emocional. El testigo habla de esta manera cuando me dice: “Veo que al escuchar que tu hijo no quiere hablar contigo del tema x, sientes una tensión repentina en tu estomago, te entran ganas de llorar, te sientes asustada y confusa y te estás diciendo que el es un egoísta que no le importa nada de ti. Veo que tienes el impulso de gritarle y decirle estas cosas.” El testigo no explica el porqué, no analiza y no opina, solo me permite ver con claridad lo que me está pasando para que yo tenga la oportunidad de decidir que quiero hacer con ello.

El testigo también necesita compasión para que no me sienta sola en esta situación difícil, para que no entre en el bucle de “No debería sentirme así, si fuera una buena madre sería más paciente, porqué tengo que gritar de esta manera, soy un desastre…” y un largo etcétera. El testigo me habla de manera compasiva cuando me dice. “Esta situación te está costando mucho…es difícil para ti aceptar que el no quiera hablar contigo ahora porqué tienes tantas ganas de comprender y conectar con el, estás preocupada por su bien estar y te gustaría tanto saber que todo irá bien. Te resulta difícil gestionar estas emociones tan fuertes que se despiertan dentro…”. El testigo sigue describiendo lo que me está pasando, pero de una manera más cálida, empática, dándome la sensación que lo que me pasa es “normal”, lo puedo aceptar.

Muy pocas veces estamos acostrumbrad@s a hablarnos de esta manera, somos poc@s l@s que podemos contar con el apoyo de nuestro testigo interno como si fuera un amig@ fiable. Esto no es sorprendente, nuestra cultura no apoya el desarrollo de esta capacidad y el lenguaje que tenemos a nuestra disposición es demasiado lleno de juicios, comparaciones, conceptos de lo que está bien y lo que está mal, castigo y recompensa, dualidad, competición etc.

Por esta razón nos encontramos muchas veces encarando las dificultades de la vida en soledad, perdid@s en los paisajes interiores de nuestras mentes que demasiado a menudo son inhospitable, fríos y duro, si no obscuros y laberínticos.

Lo que nos ayudaría a salir de esta situación y empezar a aprender a conectar con nuestro testigo interno es un contacto significativo, competente y amoroso con otra persona. El aprendizaje es un proceso social, se funda en la interacción de los procesos cognitivos y emocionales de las personas implicadas. El aprendizaje implica la puesta en marcha de todo el mecanismo neuronal de nuestro cerebro, para deshacer y rehacer los patrones neuronales que nos permiten integrar las experiencias de una manera significativa y útil, lo que definimos como aprendizaje.

La calidad de estas interacciones humanas es fundamental, si las personas implicadas tienen desarrolladas ciertas competencias y han integrado sus experiencias de manera positivas, las interacciones serán probablemente positivas y favorecerán el aprendizaje, en caso contrario es probable que las interacciones produzcan más trauma y consoliden patrones poco útiles.

No soy una gran abogada de las relaciones terapéuticas, principalmente porqué me gustaría vivir en un mundo donde todas las personas han tenido la posibilidad de desarrollar las capacidades necesarias para poder apoyarse mutuamente en sus caminos de desarrollo. A la vez, mi experiencia personal me ha demostrado que en esta cultura, en este momento histórico, no estamos muy bien preparad@s, con buenas intenciones si, pero pocas herramientas. Por esta razón hace un par de años he empezado a centrar mi trabajo principalmente en el acompañamiento de procesos personales, para poder ofrecer a las personas, en sus momentos difíciles, la posibilidad de tener un testigo externo que le modele una manera de relacionarse consigo basada en la empatía y la compasión. Este modelo es fundamental para que la persona aprenda a interiorizar esta figura del testigo, hacerla suya y finalmente no necesitar el testigo externo. Este tipo de acompañamiento no se propone decir a la persona lo que tiene que hacer, no es un coaching (aunque la persona puede en cualquier momento pedir un consejo o una opinión), más bien se trata de crear las condiciones necesarias para que se establezca esta relación con el testigo interno, lo cual va a generar la posibilidad de acceder a la sabiduría interna que cualquier persona bien conectada consigo tiene.

Al margen de ofrecer apoyo a las personas en momentos de dificultad, este trabajo me motiva porqué siento que a través de las relaciones de aprendizaje que se generan dentro de este tipo de acompañamiento, nos estamos formando como personas capaces de acompañarnos mutuamente, de recuperar estas competencias humanas para que no tengan que estar profesionalizadas, para que podamos auto gestionarlas en nuestras comunidades y familias.

Desafortunadamente me he encontrado varias veces con una creencia muy limitante que dice: “Lo tengo que hacer sol@. No quiero que nadie sepa lo mal que estoy, no quiero que nadie piense que estoy mal de la cabeza, que no soy capaz de manejar mi vida, que soy débil…” Esta creencia, en mi opinión, es fundada en la exigencia que tenemos que saberlo todo, hacerlo todo bien si no somos “malas personas” y por lo tanto no dignas de amor y aceptación. Es una creencia que genera aislamiento, represión, angustia, soledad y en caso muy extremos desbordes emocionales muy serios. Creo profundamente que los seres humanos somo seres sociales, que nos necesitamos mutuamente para crecer y alcanzar nuestra felicidad, y para que esto funcione es imprescindible que cultivemos confianza, disponibilidad, apertura, compasión, empatía y la voluntad de sostener nuestra vulnerabilidad sin cerrarnos.

Me gustaría poder facilitar la experiencia de tener este tipo de acompañamiento, basado en la Comunicación Integrada y por esto este mes de Septiembre ofrezco sesiones gratuitas por skype, me hace ilusión compartir este proceso que creo es muy sanador y enriquecedor. Os invito a conectar conmigo para recibir más información y para reservar una sesión.

Con amor y respeto, Tatiana

1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Adriana Ordonez
    Sep 01, 2015 @ 12:50:52

    Hola, que bonito acompañamiento, me gustaría inscribirme para tener algunas sesiones contigo o vivenciar atestiguarme.

    Gracias,

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