Deja de sentirte culpable, sientete poderos@!

Por varias razones el tema de la culpabilidad ha estado muy presente en mi vida en el último mes, a través de conversaciones y reflexiones personales, llevándome a una serie de ideas que me gustaría compartir.

La primera reflexión es sobre la naturaleza de la culpabilidad. He llegado a la conclusión que la culpabilidad no es una emoción sino un conjunto de pensamientos. Generalmente experimentamos la culpabilidad como una voz que nos dice que hemos hecho algo malo y, lo más interesante, que somos la causa del sufrimiento de otras personas. Creo que este conjunto de pensamientos es uno de los más descapacitantes y peligroso, que con su supuesto objetivo de hacernos mejor personas nos convierte en miserables llen@s de odio a si mism@s. Esto no puede ser muy saludable, aunque nos dicen que sin culpabilidad no aprenderemos a ser mejores personas yo me atrevo a decir que no es así, y que si fuera así nos convertiríamos en mejores personas por las razones equivocadas, o sea, por miedo y vergüenza y no por amor.

guilt_by_mare_of_night-d3a5szpEstos pensamientos despiertan toda una serie de emociones que suelen ser dolorosas e incomodas, y me gustaría destacar entre ellas la ansiedad. He notado que cuando me siento culpable siento la urgencia de hacer algo, de solucionar y justificar. En el peor de los casos no siento ni esto y me encojo en una experiencia de depresión, o sea, de rabia dirigida hacia mi misma en una manera que me paraliza.

Entender que la culpabilidad no es una emoción me ayuda a saber por donde cogerla. Cada vez que escucho una voz en mi cabeza sé que estoy en la presencia de mis pensamientos, interpretaciones y creencias, por lo tanto le presto muy buena atención.

Está claro que la culpabilidad solo se puede desarrollar en un contexto en el cual hay una creencia fundamental: “Hay malas acciones, las personas que las cumplen son malas también y se merecen un castigo y el malestar de las otras personas es el resultado inevitable y directo de estas acciones.”

A partir de allí solo es una cuestión de creatividad personal como vamos a elaborar el discurso y hasta que punto nos queremos repetir que somos malas personas, hemos causado dolor y nos merecemos algún tipo de castigo.

Me doy cuenta que este es un tema difícil de tratar porqué el paso desde la culpabilidad al apoderamiento es muy sutil y fácil de malentender.

No se si ya habéis empezado a preguntaros: “Entonces que ¿podemos hacer daños a los demás y quedarnos tranquil@s?”. Espero que no os llegará como una sorpresa escuchar que no, esto tampoco es lo que propongo.

Lo que realmente quiero señalar es que la culpabilidad es una actitud cerrada, y muy poco empática, resultado directo de una agresión interna, de una condena.

La culpabilidad no se interesa por las razones, causas y circunstancias que nos llevaron a actuar de la manera en que actuamos. No le interesan las necesidades que estábamos intentando satisfacer ( de manera más o menos eficaz). La culpabilidad no está interesada en compasión ni perdón, es una voz dura y fría que dice. “Solo hay una manera de hacer las cosas bien y tu no lo has hecho así. Siéntete mal!”

No es que no me interesa lo que la culpabilidad me está intentando decir, es que siento un profundo desacuerdo con su actitud castigadora y dura. No me interesa un cambio de conducta que está impulsado por su estrategia de miedo y vergüenza.

Pero si que me interesa el bienestar de todas las personas, y me interesa reflexionar sobre mis acciones y como estas aportan, o no, a este bienestar. Quiero un cambio impulsado por la conexión con las necesidades de todas las personas y por el profundo respeto y amor hacia ellas.

Por lo tanto he empezado a tener unas conversaciones muy sobrias con mi culpabilidad. Cuando escucho su voz acusadora, respiro muy hondo y le pregunto en que creencias se están fundando sus acusaciones. Escuchando con empatía puedo descubrir que detrás de estos mensajes tan difíciles hay valores como el respeto, el cuidado, la consideración, la valoración etc. Cosas que yo también valoro. Así puedo conectar con lo verdaderamente importante detrás de la culpabilidad y darle las gracias, aun así dejando claro que no comparto su paradigma de castigo.

Rescatando lo “bonito” detrás de la culpabilidad, o sea, mi deseo de aportar al bienestar de las personas, mi tristeza se convierte en un “dulce dolor”, que me conecta con lo mucho que me importan los demás, pero no tengo que cargarme con el peso de la culpa, o sea, con el castigo. Desde este dolor se genera un deseo muy natural de encontrar la manera de restaurar el bienestar, de actuar desde este nueva perspectiva consciente de las necesidades que no fueron satisfechas en la estrategia anterior. Esto me pone en contacto con mi poder, con mi capacidad de enfrentarme con las situaciones difíciles y encontrar respuestas desde el corazón y no una mente amargada por las ideas de correcto e incorrecto, castigo y recompensas.

La cuestión no es sentirse bien cuando nuestras acciones no han aportado al bienestar de los demás, sino sentir esta “dulce tristeza”. Esto es el paso sutil desde la culpabilidad al poder: permitirnos sentir esta emoción difícil pero importante, sin sentirnos amenazad@s por ella ya que no hay castigo.

Trabajar la culpabilidad nos lleva a poner en cuestión algunas de las creencias básicas de nuestra cultura y sociedad, lo cual es un paso importante en el camino no solo de desarrollo personal sino también de cambio social.

Si os interesa tener más información sobre mis sesiones de acompañamiento personal (presencial o por skype) o mis talleres y cursos,  podéis contactar conmigo a despertandolaeducacion@gmail.com.

Os agradezco compartir esta pagina con otras personas que podrían beneficiar de ella, y como siempre, estaré muy contenta de leer vuestros comentarios y reflexiones.

Photo credit: http://mare-of-night.deviantart.com/art/Guilt-198465541

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