Soltando el nudo del dolor: abrirnos al perdón

Esta mañana me he despertado con una tristeza… en estos días de fiestas he puesto especial atención en intentar sanar una relación familiar muy importante para mí. Han habido muchos mails cruzándose por el éter, cada uno lleno de palabras que, como llaves o cuchillos, abrían puertas o herían. Es un proceso largo y complicado y esto me resulta doloroso.

Aunque esta relación ha estado en dificultad por muchos años y de alguna manera estoy acostumbrada a esta situación, hay una parte de mí que está profundamente triste, y a la vez tranquila. Tengo mucha ilusión con la idea de poder recuperar este vínculo, sanarlo, volver a sentir la presencia de esta persona en mi vida, y aun así acepto la realidad como es. Acepto que no puedo forzar el proceso de otra persona y que lo único que puedo hacer es honrar mi propio proceso, mi deseo de sanación y mis intentos para hacerla posible.

Esta experiencia me ha despertado muchas preguntas acerca del perdón, sobre lo que realmente es y lo que lo hace posible, o no

.Forgiveness-Leaves-No-Trace http://wakeup-world.com/2014/08/28/true-forgiveness-leaves-no-traces/

Para entender mejor este proceso, he querido volver a sentir aquellos momentos en mi vida en que estaba muy enfadada y dolida con alguien, cuando incluso sentía el deseo de provocar dolor en la otra persona.

Me he dado cuenta que fundamentalmente este tipo de enfado (el enfado que no se va, que se quiere vengar) se nutre de ciertos pensamientos, especialmente los que dicen: “Tu eres culpable por cómo me siento, me has hecho enfadar, me has hecho daño.”,  “Tú no deberías haber hecho tal y cual, ¿cómo pudiste hacerlo?” y “Estás equivocad@, no tienes la razón”. Detrás de todo esto hay otra convicción que es: “Yo no lo hubiera hecho” por lo tanto “Yo soy mejor que tu”.

Estos pensamientos son un poco complicados porque nos puede resultar difícil separar la persona que ha actuado de una manera que no nos ha gustado desde la culpabilidad. Parece ser extremadamente lógico: yo estaba bien, tú has hecho esto, ahora me siento mal. Es tu culpa que me sienta así.

Ver las cosas de otra manera nos empuja a un cambio paradigmal bastante profundo. Si entendemos que nuestras emociones son el indicador de que algunas necesidades nuestras han sido, o no, satisfechas, también podemos entender que mi mal estar está directamente vinculado con mis necesidades. La acción de la otra persona ha sido un detonador, un factor en la in-satisfacción de mis necesidades. No se puede negar que hay una correlación entre las dos cosas, que hay un cierto nivel de responsabilidad. Pero la culpabilidad tiene una cara mucho más siniestra que la responsabilidad. La culpabilidad es muy pesada, nos ataca en nuestro centro, nos dice que somos malas personas. La responsabilidad simplemente nos invita a considerar nuestras acciones y sus resultados. La responsabilidad también nos puede hacer sentir pena por haber participado en el dolor de otra persona, pero este dolor no nos quita la dignidad, y tampoco nos juzga, sino que nos empuja a re-considerar nuestras estrategias y sus costes colaterales.

Cuando estoy atrapada en la rabia, mi dolor se centra en lo mal que me han tratado, y este es un dolor que me endurece. También es un dolor que me aleja de la otra persona, haciendo la sanación mucho más improbable. Cuando conecto con la rabia como si fuera la guardiana de algo muy precioso, es decir, mis necesidades, en seguida puedo soltarla y dedicarme a atender a éstas, a sentirlas con compasión. Mi dolor es más suave, más abierto, no me cierra al contacto con la otra persona. Entender que la otra persona estaba intentando satisfacer sus necesidades a través de sus acciones, me puede permitir verla con más compasión. El perdón se hace posible cuando no me considero mejor que la otra persona, cuando puedo reconocer que yo también, a momentos, en mis intentos de satisfacer mis necesidades, he contribuído al dolor de alguien, de manera más o menos consciente. El perdón no es posible sin empatía, sin poderme poner en el lugar de la otra persona y entender como llegó a hacer lo que hizo. El perdón es humilde. El perdón no quiere decir que justifico estas acciones, ni que niego mi propio dolor. El perdón es como un soltar, un deshacer lo que se ha endurecido.

El perdón quizás necesita también un tiempo, el tiempo para cuidar de mis emociones, de tomar consciencia de mis pensamientos, de atender a mis necesidades. El perdón se hace mucho más posible si tenemos la posibilidad de compartir nuestra experiencia con la otra persona implicada y recibir su sincera empatía, sentir su remordimiento. Creo que esta puede ser una experiencia muy sanadora, porque lo que más necesitamos cuando estamos sufriendo es saber que la otra persona es consciente de su parte en esto, no a través de la culpabilidad sino a través del vínculo de amor y consideración que tenemos.

El perdón no implica necesariamente volver a la relación que teníamos antes. Puede ser que a través de este proceso nos demos cuenta que queremos hacer cambios, incluso alejarnos de la relación, pero no como un castigo ni con animosidad.

El perdón es un acto de voluntad; generalmente no ocurre por sí mismo. La voluntad se funda en nuestro deseo de recuperar nuestra libertad, no como víctimas sino como seres capaces de responder según nuestros valores y principios, y también la libertad de la otra persona.

PRÁCTICA DE HOY

Podemos pensar en una situación donde nos hemos sentido dolid@s y todavía no hemos perdonado a la otra persona. Incluso si esta personas somos nosotr@s mism@s.

¿Qué pensamientos están bloqueando el perdón?

¿Cuáles son las necesidades insatisfechas detrás de mi dolor?

¿Puedo conectar con la belleza de estas necesidades, con su valor e importancia para mí?

¿Cómo puedo atender a mi dolor con compasión?

¿Cómo estoy viendo la otra persona? ¿Pienso de alguna manera que es mala, que yo soy mejor que ella?

¿Puedo reconocer que la otra persona estaba, a su manera, intentando satisfacer sus necesidades?

¿Puedo recordar alguna instancia en que yo he intentado satisfacer mis necesidades de una manera que ha resultado dolorosa para otra persona?

¿Qué sería necesario para poder llegar a sentir el perdón? ¿Puedo imaginarme la manera de  encontrar este algo?

¿Puedo soltar el nudo de culpabilidad que me ata a la otra persona?

Os deseo mucha sanación con esta práctica. Si queréis profundizar en el trabajo de la Comunicación Integrada y adquirir herramientas para sanar relaciones y resolver conflictos os invito a mirar los talleres y cursos que ofrezco, estaré encantada de compartirlos con vosotr@s.

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