Porqué no me interesa que me pidan “disculpas”

Uno de los cambios paradigmales que nos propone la Comunicación Integrada consiste en abandonar de una vez por todas el concepto de culpabilidad. Para dar este paso, tenemos también que desvincularnos de todo lo que va con el “pack” de la culpabilidad: castigo, recompensa, ser buen@/mal@, y todos los pensamientos que empiezan con “debería” o “no debería”, etc.

Es un paso que nos cuesta dar, a veces incluso no queremos darlo, porque nos parece que si salimos de este paradigma no queda ningún tipo de parámetro para satisfacer nuestras necesidades de justicia, cuidado, responsabilidad, aprendizaje.

culpabilidad, castigo, reconpensa, responsabilidad, empatía, resolución de conflictos

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Estamos muy bien arraigad@s en un sistema conceptual que dice: “Las personas no deberían hacer cosas malas, si las hacen necesitan un castigo que les haga sentir culpables para que no vuelvan a repetir estas acciones”.

Parece tener sentido, pero me temo que en la vida real las cosas no funcionan así. No sé cuantas personas pueden contar experiencias positivas que han surgido desde la culpabilidad. El eje de este paradigma es el miedo, no la conexión o la empatía.

Ya oigo las protestas: “Entonces ¿tenemos que aceptar que la gente mate, destroce, abuse? Si la gente no entiende que lo que hace no está bien ¿cómo lo va a cambiar?”. Estoy de acuerdo. No me parece una opción saludable condonar las acciones que resultan en dolor. Tampoco deseo que no hayan oportunidades de aprendizaje y cambio.

El cambio paradigmal no implica que los objetivos sean distintos, sino el lugar desde donde entendemos la realidad.

Si me desvinculo del pensamiento que “las personas que hacen ____ son malas y se merecen un castigo”, no quiere decir que me desvinculo del dolor que puedo sentir al darme cuenta que mis acciones no han satisfecho las necesidades de otras personas (o incluso las mías). Pero esto es otro tipo de dolor. Es un dolor, para mí, más limpio, más suave, sanador.

Al mirar mis acciones, o las acciones de otras personas, puedo reflexionar sobre el hecho de que estas acciones no eran nada más que estrategias con la finalidad de satisfacer necesidades.

El impulso de querer satisfacer necesidades es muy bonito, en servicio a la vida. Las estrategias, en cambio, pueden ser muy torpes, costosas y dañinas. Las estrategias están limitadas y condicionadas por muchos factores, como por ejemplo: el contexto socio-cultural, las experiencias previas, los recursos disponibles, el tiempo disponible, el nivel de conciencia, la información disponible, etc. A veces estos factores dan lugar a unas estrategias verdaderamente desastrosas.

Si puedo ver que mis acciones eran la mejor estrategia que encontré en aquel momento de satisfacer necesidades, tengo la oportunidad de verme no como una “mala persona”, sino como una persona que intentaba hacer algo positivo.

Si puedo ver los efectos colaterales de mis acciones, o sea, las necesidades insatisfechas o perjudicadas (en mí misma o en otras personas) por mi estrategia, tengo la posibilidad de sentir el dolor vinculado con aquellas necesidades y pasar por un proceso de duelo, que va un poco así: “Ahora que veo las necesidades insatisfechas por mi estrategia, me duele porque no era mi intención perjudicarlas. Me gustaría haber actuado de otra manera”. Ahora que tengo más información, experiencia, comprensión, mi habilidad de responder a la situación es más grande, mi capacidad de encontrar otras estrategias es más fuerte, mi deseo de sanar y reparar es más vivo.

Aquí es donde realmente podemos encontrar el sentido de la palabra responsabilidad. La habilidad de responder. En nuestra cultura utilizamos esta palabra para señalar “la causa de las emociones y acciones” pero la otra persona no es la causa de mi dolor, la causa de mi dolor son mis necesidades insatisfechas. La otra persona ha tenido una implicación con los eventos detonantes, sus estrategias no han sido exitosas en satisfacer mis necesidades. Está claro que hay un vínculo, que mi malestar tiene algo que ver con las acciones de esta persona. Pero en conectar con mis necesidades insatisfechas me apodero de mi dolor, me conecto con la auto empatía.

Por otro lado, la responsabilidad me hace ver con claridad como mis acciones han sido recibidas por la otra persona, y en lugar de entrar en el juego de “quien tiene la razón”, me conecto con su experiencia empaticamente, libre de culpabilidad pero con el deseo de encontrar estrategías nuevas que puedan sanar, restorar el bien estar en la otra persona.

La culpabilidad no nos lleva a esta experiencia compasiva y a la vez reparadora. El castigo no nos permite conectar con el dolor de las necesidades insatisfechas, sino que nos endurece y daña nuestra capacidad empática.

Por esta razón no me interesa que me pidan disculpas, porqué no deseo que la otra persona entre en el ciclo tormentoso de la culpabilidad. Esto no satisface mis necesidades, no me sana. Lo que deseo es que la otra persona me escuche con empatía, y después de haber conectado con mi dolor me pueda decir: “Lo siento”, que para mi quiere decir: “Siento contigo este dolor”. Desde este vinculo reparador, el daño se puede sanar, las dos personas seguimos intactas y dignas. Nadie se ha convertido en un agresor o en una victima. Nadie ha sido malo. Nadie ha sido culpable. Cada cual puede reconocer sus necesidades como la fuerza impulsora de las emociones y acciones implicadas en la situación. Desde la empatía puede surgir el verdadero “perdón” y el deseo de reparar los daños ocurridos, desde este lugar de integridad y compasión puede surgir el aprendizaje, la transformación, no por miedo, sino por amor. Esto es un proceso que nos pide más implicación, más abertura, más vulnerabilidad. También es un proceso que nos ofrece más conexión, más compasión, más libertad.

4 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Juan Bautista
    Nov 16, 2014 @ 16:41:32

    Muchas gracias por el post. Me ha servido de mucho. Tengo clases conflictivas y a veces termino haciendo lo que no quería. Un saludo y un abrazo.

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  2. Juan Bautista
    Nov 17, 2014 @ 23:05:12

    Hoy voy a compartir tu post en mi red con mis alumnos. Así meditamos todos un poquito. Un saludo.

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