El silencio entre las palabras: conectar más, hablar menos

Aunque el proceso presentado en los 4 pasos de la Comunicación No Violenta de M. Rosenberg me resulta muy valioso, en especial por su sencillez y claridad, vuelvo a descubrir una y otra vez pequeños matices que lo hacen más profundo y enriquecedor.

Recientemente estaba mirando la colección de DVD grabados durante un fin de semana intensivo y titulados “Making life wonderful”, cuando volví a sentirme muy tocada por la fuerza implícita en este proceso. No por los 4 pasos en sí, sino por la práctica de estar presente en cada momento del diálogo.

Esta invitación a la presencia me conecta con mi practica de meditación, y otra vez me inspira a cultivar esta calidad en mi vida diaria.

Aunque los 4 pasos se conectan con diferentes momentos en el curso de un diálogo (observación, expresión de los sentimientos, de las necesidades y petición de lo que enriquecería nuestra vida) es la calidad de la presencia lo que realmente permite que fluya la energía, sanadora y reconciliadora, que nos lleva a conectar desde el corazón.

silencio, el poder del silencio

Para mí esto quiere decir conectarme muy claramente con mi propósito en la conversación. Muchas veces me doy cuenta de que me encuentro en medio de una conversación sin saber bien qué es lo que necesito de ella. A momentos esto me deja con una sensación de confusión e insatisfacción. Es claro que hay ciertos tipos de conversaciones que necesitan espontaneidad y fluidez para ser satisfactorias, como cuando nos encontramos con un conocido en la calle o vamos a tomar una cerveza con los colegas, etc. Pero cuando las conversaciones tienen una dimensión emotiva y delicada, la calidad de nuestra presencia puede ser un factor muy determinante en el grado de conexión, empatía y resolución que la conversación puede lograr.

Este propósito, una vez aclarado dentro de mí, se convierte en timón que guía la ruta de mis palabras y de mis pensamientos. Este propósito empapa la conversación como un agua cálida y sosegante.

Para estar conectada con este propósito necesito darme tiempo dentro de la conversación, en especial cuando salen cosas que me remueven y me despiertan emociones fuertes como rabia, dolor, indignación. Y este tiempo está lleno de silencio.

El silencio en una conversación es como la oscuridad en las pinturas de Velázquez, es lo que da fuerza y poder a la luz, es el lugar donde las palabras se forjan con la fuerza del propósito de conectar, comprender, sanar.

No estamos muy acostumbradas al silencio. Nos provoca inseguridad, incomodidad, confusión.

El silencio es un espacio vasto y vacío donde nos encontramos con la fuerza pura de nuestras emociones, con el ruido de nuestros pensamientos, con la confusión y el miedo… y por miedo a todo esto, lo llenamos rápidamente de palabras: consejos, excusas, justificaciones, preguntas, acusaciones, anécdotas…

Pero el silencio también se puede convertir en un espacio vasto y vacío que nos proporciona descanso, recogimento, claridad, cuidado, tranquilidad… siempre y cuando estamos dispuestas a respirar y acoger todo lo que se presenta allí: las emociones difíciles, la confusión etc.

En este espacio tan rico y misterioso también se manifiestan intuiciones, ideas inesperadas, soluciones creativas que parecen llegar desde sitios recónditos de la psique.

El silencio en una conversación nos permite escuchar profundamente, escuchar lo que se mueve en las profundidades de nuestras emociones y darnos un tiempo para cuidar de ellas y empatizar. Nos permite conectar profundamente con el mensaje de la otra persona, limpiándolo de nuestras interpretaciones y asociaciones, nuestras anticipaciones y memorias.

A través del silencio podemos expresar nuestra presencia en su totalidad, no sólo en la parte mental que comprende sino en la parte física y emotiva que “está”, que vive el momento, que lo recoge en todos sus aspectos y que se abre a ellos. Sin anticipar el siguiente paso, sin conceptualizar.

He tenido la oportunidad de vivenciar la fuerza de este silencio, en especial, conversando con mis hij@s adolescentes. Recuerdo conversaciones con ell@s donde de repente sentía ahogarme en la confusión, la rabia, el dolor, la desesperación…. y el ritmo de la conversación se hacía más rápido, el volumen más alto, la distancia más grande, hasta que, por iluminación o gracia divina de repente, se me ocurría callar. Callar y esperar, esperar y escuchar todo lo que se estaba moviendo dentro de mí: mi rabia, mi miedo, mi deseo de conectar, mi deseo por el bienestar de ell@s, mi confusión de no saber que hacer… y también escuchar lo que me estaban diciendo ell@s, más allá de sus palabras quizás torpes o rudas. No sé bien que hacían ell@s en estos momentos, quizás simplemente se sentían aliviad@s, pero es cierto que al volver a hablar el ritmo se había hecho más suave, el tono más tierno, la distancia más corta.

Los 4 pasos de la CNV se convierten en un valioso mapa en estos momentos de silencio: me ayudan a encontrar un apoyo para ordenar la cacofonía interna.

  1. ¿Qué me está molestando? (observación), ¿Cómo me lo estoy tomando? (ser dueña de mis reacciones)

  2. ¿Cómo me siento? (emociones)

  3. ¿Qué necesito? (necesidades)

  4. ¿Qué es lo que me gustaría pedir, de mí misma o de ell@s? (petición)

Y, por supuesto, las mismas preguntas hacia la otra persona.

Todo esto genera claridad y síntesis. Al volver a hablar no necesito tantas palabras; no necesito cargar mi mensaje con ejemplos, justificaciones, explicaciones, amenazas, acusaciones… sólo presento la joya pulida de un proceso interior que me ha permitido llegar al punto de la cuestión, lo que muchas veces se resume en: Te quiero. Estoy dolida. Me gustaría tu apoyo para hacer la vida más maravillosa para l@s dos.

Tan simple.

Está claro que este proceso se funda en la capacidad de estar presente, de “ser”, de ser consciente.

Para mí la practica meditativa ha sido imprescindible en desarrollar esta capacidad, el método Feldenkreis también me ha permitido desarrollar una escucha profunda a nivel corporal que luego se traslada a otras partes de mi ser. El Focusing también ha sido una herramienta muy poderosa en este sentido. Todo junto se convierte en una sinfonía muy rica y compleja que me permite danzar la danza de la comunicación. Y aunque a veces me tropiezo, caigo, me confundo… la música sigue dándome una melodía animadora y esperanzadora.

3 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Juan Bautista
    Sep 16, 2014 @ 23:55:24

    Me ha gustado mucho. Soy músico y bailo a reventar y llevo tiempo aplicando la importancia del silencio en la música y del no movimiento en la danza. Diría mucho más, pero quizás redundaría en lo que ya sabes. Un saludo. Juan.

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    • anaitats
      Sep 19, 2014 @ 00:48:45

      Gracias Juan, si, conecto con lo que dices a traves de mi experiencia con el Contact Improv y el metodo Feldenkreis…he mirado tu pagina web y me parece que hace’is un trabajo muy interesante!
      Te deseo lo mejor…

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  2. Trackback: El silencio entre las palabras: conectar más, hablar menos | Colegio Andolina

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