La Cuestión de los Límites

Dentro del marco de la educación y el acompañamiento, creo que es fundamental plantearse la cuestión de los límites.

Como adultas en relación a las niñas, es evidente que nuestra posición determinará una vivencia de los límites u otra.

A menudo esta cuestión despierta muchas emociones, planteamientos ideológicos e incluso traumas personales.

Por esto me parece interesante empezar con una reflexión: ¿qué son los límites para nosotras? ¿Cómo los vivenciamos? ¿Cuales son nuestras asociaciones con este tema?

Para poder tomar decisiones conscientes en nuestro acompañamiento, necesitamos en primer lugar aclararnos. Todas tenemos asociaciones con el tema de los límites, la autoridad, etc. que son el resultado de experiencias previas y respuestas a ellas. Es importante tomar consciencia de si nuestra experiencia en este ámbito ha sido de alguna forma traumática, para poder reconocer y sanar nuestras heridas sin que repercutan en los niños a nuestro alrededor…

He encontrado con frecuencia personas que han tenido una experiencia muy dolorosa con los límites. Normalmente esto quiere decir que los límites no se pusieron desde una necesidad real y desde el amor, sino desde la convención y la fuerza. Frente a una experiencia dolorosa hay dos respuestas que son las más comunes: impermeabilizarme y cerrarme o huir y buscar el opuesto. Cuando estas dinámicas se descadenan en relación a la educación, los resultados pueden ser muy poco saludables. En estos casos la primera reacción daría lugar a la perpetuación del modelo que nos ha herido, ya que estamos anestesiados a él y ni siquiera nos damos cuenta, y la segunda generaría una actitud de rechazo a todo tipo de límite. El camino del medio es algo más difícil de conseguir y necesita un trabajo interior de exploración, paciencia y honestidad.

El hecho de vivir quiere decir estar limitados por una serie de factores relacionados con nuestro entorno, nuestra biología y la realidad de la materia. Estos límites no son, en si, ni buenos ni malos, simplemente rapresentan las condiciones en las cuales la vida en este planeta se ha podido desarrollar. En el libro de Rebeca Wild “Amor y Límites”, la autora propone un planteamiento que me parece muy interesante: la fuerza desde la cual nos movemos a la hora de poner límites es el Amor, pero no el amor hacia el niño en si, aunque esto es claramente inevitable en nuestra relación con él, sino el Amor hacia la Vida. Si realmente entendemos que la Vida necesita ciertas condiciones para poderse desplegar, mantener estas condiciones se convierte en un acto de Amor y no de imposición autoritaria. Entonces, nuestra primera preocupación podría ser entender bien cuales son estas condiciones necesarias en relación al desarrollo de la vida en el ser humano.

Creo que la visión que la vida humana se desarrolla en relación a su entorno es bastante aceptada hoy en día. El entorno no sólo provee los recursos necesarios para nuestra vida sino incluso actúa en la forma de nuestro propio desarrollo.

Por esta razón entender bien la relación entre el entorno y el ser humano es de fundamental importancia.

En el planteamiento de la educación viva y respetuosa, estos dos elementos se convierten en la brújula que nos enseña el camino a la hora de poner límites.

¿Cuáles son las necesidades del niño en una determinada etapa de desarrollo? ¿En qué medida el entorno puede apoyar estas necesidades? ¿Qué decisiones tenemos que tomar, como adultas, para asegurar que las condiciones se mantengan favorables para el desarrollo de la vida del niño? Estas preguntas abren las puertas a muchas más. Cuando empezamos a investigar la naturaleza del desarrollo humano y su conexión con el entorno, nos damos cuenta que hay muchos factores que tomar en consideración y que en nuestro entorno sociocultural muchas veces no se les presta la suficiente atención. Estamos muy poco preparadas para entender estos temas, tenemos que empezar un proceso de aprendizaje y sanación personal.

La falta de conocimiento y comprensión de estos procesos tan sutiles y a la vez tan poderosos puede resultar en situaciones que producen mucho malestar en el trato con los niños….Muchas veces, como padres y educadores, oscilamos entre una sensación de culpabilidad porque nos sentimos inadecuados para la tarea, y frustración con los niños por su falta de cooperación. Esta dinámica puede resultar muy agotadora y dañina para todos, más nos valdría empezar nuestro camino de aprendizaje para realmente equiparnos con los conocimientos que nos permitan ser facilitadoras de los procesos vitales y participar con joya en el despliegue de la vida de nuestros hijos y alumnos.

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